lunes, 1 de febrero de 2016

Relato-Reflexión - El color de la Naturaleza

Me muevo lentamente en mi rama, el sol del amanecer me ha despertado. Primero muevo una pata y me agarro fuertemente, después la otra, y otra, y la ultima. De lado he dejado mi arbusto, hoy prefiero subirme a la copa de un árbol, allí donde el sol me dé completamente. Quiero estar en una de las ramas y poder ver que hay a mí alrededor.
Debe de hacer mucho que no subo a un árbol, porque todo a mí alrededor ha cambiado. Antes todo lo que me rodeaba era verde, estaba lleno de árboles y de matorrales, ahora no sé lo que me rodea. El verde ha sido sustituido por el gris, no sé qué es lo que me rodea, pero que arboles más raros.
Algunos son mucho más altos que los árboles, y no tienen ramas, únicamente el tronco recto. Se alzan más allá de donde la vista me permite ver. Y son más anchos que cualquier árbol que haya visto jamás. Casi no puedo ver los límites del que tengo más cerca de mí.
Todo ha cambiado, poco a poco todo ha ido cambiando de forma lenta pero inexorable. Incluso el cielo ha cambiado, ese cielo que me saludaba casi todas las mañanas con su azul intenso ahora se había tornado gris. Algo había en el aire que hacía que fuese más pesado, era más difícil poder respirar.
Incluso mis oídos han notado el cambio. Nada queda de esa tranquilidad, ese silencio roto por el tímido sonido de alguno de los animales que vivía en el bosque había sido sustituido por el ruido que se generaba en el nuevo bosque gris.
Pero no solamente ha cambiado el paisaje, el inmenso bosque verde se ha convertido en una inmensidad gris y negra. También han cambiado mis vecinos. Ya no veo a ninguno de los otros animales que vivían en este bosque, ya no hay ciervos, no hay ardillas, casi quedan pájaros.
En su lugar han llegado dos animales nuevos, diferentes, extraños. Hay unas criaturas grandes que se mueven a cuatro patas, hacen un ruido ensordecedor y se mueven rápidamente. Deben de ser algún tipo de reptil, como yo, porque su piel brilla bajo el sol, pero no hay dos iguales.
Las otras criaturas son aún más extrañas. Parecen monos, pero les falta mucho pelo. No trepan a los árboles, sino que van caminando únicamente sobre sus patas traseras. Sus pieles son raras, van cubiertas por algo que no las deja ver, además de haber muchos colores, pueden que sean como yo y se adapten a su alrededor.
Aunque hay algo extraño en ellos, no paran. Van a todos lados corriendo, se montan dentro de esos extraños animales de cuatro patas para que los lleven más rápido a donde quiera que vayan. No los comprendo, con lo placentero que es ir lento, disfrutando de cada paso, disfrutando del paisaje que hay a mi alrededor.
Pero a mi alrededor apenas queda paisaje, apenas hay árboles, solamente puedo ver algunos árboles, algunos arbustos, el resto ha sido sustituido por esos extraños arboles grises.
Tal vez simplemente tenga que adaptarme, tal vez al igual que me adapto a los arboles de mi alrededor deba adaptarme a esos nuevos árboles, volver mi piel gris y seguir disfrutando. Tal vez deba adaptarme a mi entorno.

José Carlos Ortega Díez (@Orteguilla25 @escritorOrtega) 

1 comentario:

  1. Pues si,todos vamos con miedo cuando se presenta algo distinto y siempre hay que adaptarse o al menos intentarlo en muchas circunstancias de la vida :)

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