miércoles, 7 de octubre de 2015

Relato-Reflexión - Disfrutemos de las pequeñas cosas

El sol me golpea la cara con la luz y el calor que trasmite cada mañana. A mis pies siento los granos de arena, pequeños, calientes, un suelo que se amolda a cada paso que doy.
A mis pies se extiende una inmensidad de color marrón, compuesta por millones de pequeños granos de arena. Me agacho y lo toco, esta suave, cojo un puñado y dejo que lentamente se deslicen entre mis dedos y el viento los convierte en una cortina de arena hasta que tocan el suelo de esta playa. Algunos granos salen volando por la fuerza del viento de levante, intento seguirlos cuando me doy cuenta de que la playa no está sola. En ella veo, en sus laterales, dos castillos que la protegen, eternos centinelas que guardan su orilla, que protegen sus paisajes.
Un sonido me distrae de contemplar esas bellas vistas. Los graznidos de las gaviotas que me acompañan, que vienen a disfrutar también de la belleza que se extiende ante mí.
Y frente a mí el mar, una mera masa de agua, gotas que se unen, pero una inmensidad inabarcable para mí. ¿Cómo he llegado hasta aquí? Bueno, ¿acaso eso importa? Lo importante es que aquí estoy y hay que disfrutar. No sé qué es lo que me ha traído hasta aquí, en mi cabeza se me juntan los recuerdos, creo que tenía prisa, creo que tenía algo que hacer, creo que tenía que trabajar. Pero no llego a recordar que había que hacer, que podía ser tan importante que corría tanta prisa y me impedía disfrutar de este paisaje, que trabajo podía ser más importante que disfrutar.
Me siento sobre la arena y miro al mar ¿Qué misterios se esconden entre sus olas? Tal vez si me metiese en sus aguas encontraría alguna criatura fantástica, tal vez un hipocampo, tal vez el monstruoso Kraken. Tal vez sus profundidades escondan la misteriosa Atlántida. Tal vez entre sus corrientes naden las sirenas, esas bellas criaturas que buscan marinos para que le acompañen, esas criaturas que cantan a los incautos para trasportarlos a su reino de las profundidades. Tal vez encuentre yo alguna sirena, y pudiese disfrutar junto a ella de la tranquilidad del mar por toda la eternidad.  Tal vez encuentre la Atlántida y la convierta en mi reino de fantasía. Que misterios esconderán las aguas del mar, que maravillas habrá bajo sus olas.
De repente me doy cuenta de una cosa, estaba tan absorto viendo el paisaje que no me di cuenta de que el sol se marchaba y en su lugar su eterna amante se alzaba. Era la luna la que ahora iluminaba el paisaje. Y me di cuenta solo por su reflejo.
Porque en el mar, antes azul y ahora negro, se reflejan sus rayos, se refleja su rostro como su la luz de la luna convirtiese cada gota de agua en un trocito de plata que adornaba el paisaje. Nunca en ninguna ciudad podría haber visto nada tan bonito como esto, como la luna convierte una mera masa de agua en el paisaje más bonito de la tierra.
Miro al cielo ¿Qué es eso que veo? ¿Qué son esas luces que interrumpen la negrura del cielo nocturno? Deben de ser eso que llaman estrellas, nunca antes las había visto, en la ciudad la noche está dominada por las luces de las farolas, que no dejan ver más allá de ellas. Creo que es lo que suelen llamar contaminación lumínica. Pero en realidad me parece que es otra cosa, suelen decir que las farolas son para dar seguridad a las personas, y así debe ser, porque mirando esas estrellas me doy cuenta de que un miedo me invade, el miedo de descubrir que no somos el centro del universo. No somos más que pequeños organismos, no más grandes que los granos de arena que se extienden a mis pies. Las farolas impiden ver las estrellas, y con ello acaban con el miedo de saber que no somos el centro del universo.
¿Qué tenía que hacer? Ya no lo recuerdo, solo puedo pensar en la belleza que se muestra ante mí. ¿Tenía prisa por algo? Ya no me importa, estoy absorto con lo que veo. Ya nada importa, voy a disfrutar de lo que se extiende ante mí, a disfrutar de las pequeñas cosas de este mundo, ¿Acaso importa algo más? Creo recordar que tenía que trabajar, pero debo disfrutar, no solo hay que vivir para trabajar, únicamente hay que trabajar para vivir, y el resto del tiempo disfrutar.


José Carlos Ortega Díez (@Orteguilla25)

2 comentarios:

  1. ME ENCANTAAAAAAAA ♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥ ¿vas a escribir más sobre esto? ¿podrías hacer una miniserie de esto?

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  2. Precioso *-* Desde luego las pequeñas cosas hacen pasar buenos momentos,sensaciones,emociones,paz ... Bonita reflexión :)

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