lunes, 17 de agosto de 2015

Reflexion - El Limbo de las Edades

La reflexión que os traigo hoy para mí no es nueva, la escribí hace casi dos años, y a pesar del tiempo transcurrido sigo pensando todo tal cual lo pensaba en esas fechas, aunque he cambiado algunos pequeños detalles. Sin más empiezo.
Poco menos de tres meses faltan para llegar a mi vigesimoprimer año de andadura en esta odisea que nos empeñamos en llamar vida. Ya han pasado más de dieciocho años desde que nací, ya llevo dos años y diez meses habitando en este tramo en el que legalmente ya deberíamos ser considerados adultos, pero que en la práctica no somos tales.
Nos encontramos en un margen de edad en el que nadie, ni siquiera nosotros, sabemos lo que somos. Nos encontramos pues en un limbo de edades, un limbo que abarca desde que entras en la mayoría de edad hasta bien entrados los veinticinco, veintiséis años, en el que se espera de nosotros todo, pero no se nos conceden licencias. Debemos estudiar o trabajar, conseguir experiencia, vivir es algo secundario.
Es un margen de edad en el que todos aquellos que sean menores a nuestra edad no nos guardaran ningún respeto, sobre todo las últimas generaciones que básicamente, y hablando de una manera muy generalizada, tienden a perder el respeto por todas aquellas personas que sean más “adultas” que ellos.
En cuanto a aquellos que son mayores que nosotros aun no nos consideran adultos, mucho más si esas personas son miembros de nuestras familias, para ellos no somos más que niños que intentan jugar a ser adultos. Incluso para los más mayores no somos más que niñatos que no saben nada de la vida, que juegan a ser adultos pero que, al carecer de su experiencia y sus conocimientos, nuestras decisiones no son más que eso, ideas que concebimos en nuestro juego.
Pero ¿acaso no es esa precisamente la gracia de nuestra situación? ¿Para qué querríamos nosotros nacer sabiendo todo aquello que merece la pena saber de la vida? Todo aquello cuyo descubrimiento es lo que le da sentido a la vida.
La vida no debemos verla sino como un lienzo en blanco en el cual nuestras decisiones son los colores y nuestras acciones el pincel, en el que podemos convertirnos en genios de la pintura a la altura de Miguel Ángel o Da Vinci simplemente viviendo nuestras vidas, plasmándola en nuestro lienzo.
Tal vez sea más acertado compararlo con un manuscrito de un escritor, un borrador en el cual encontramos una sucesión de experimentos, de consecuencias de una búsqueda de la felicidad a base de errores y correcciones y que van llenando hoja tras hoja para crear la historia más grande que jamás se ha escrito, la vida.  Nosotros no somos pues nada más que un conjunto de palabras en el borrador de nuestras vidas, un borrador en el que inevitablemente nos equivocaremos, en el que inevitablemente debemos equivocarnos para poder aprender. El ser humano únicamente aprende de los errores, de sus fallos, a veces ni de eso.
Por tanto NO nos encontramos en un limbo de edades, un limbo en el cual no sabemos qué dirección seguir. Nos encontramos en la franja de edad perfecta, esa franja en la cual podemos y debemos hacer lo que queramos, esa franja en la cual debemos vivir la vida.
Estamos en la edad de las equivocaciones, de experimentar, de descubrir por nosotros mismos que es lo que nuestra vida necesita. Salir de la burbuja creada durante años por nuestros padres para protegernos, debemos pues vivir por nosotros mismos para así, cuando seamos mayores, dar sabios consejos. Consejos que si las generaciones futuras demuestran ser un mínimo de inteligentes no escucharan en su mayoría, pues al igual que nosotros deberán descubrir todas las caras de la vida por ellos mismos.
Debemos pues escuchar a aquellos que nos dicen “Hazme caso a mí, que he vivido más años que tu” pero siempre teniendo en cuenta que nosotros tenemos que vivir nuestra vida, siguiendo nuestras decisiones, afrontando nuestras consecuencias, porque si solamente siguiéramos los consejos que nos dan los mayores ¿Cuál sería la gracia de ser joven y estúpido? Cuál sería la gracia de vivir, si únicamente seguimos los dictados que marcan aquellos que vivieron en una época  anterior, y completamente diferentes a la nuestra.
Yo estoy en esta franja, me he equivocado, he tomado decisiones erróneas, he dicho las palabras equivocadas a las personas que no merecían oírlas, para bien o para mal. Me he caído, pero me he levantado, he aprendido de mis errores, y sé que debo cometer mil más, pues no somos perfectos, somos humanos, el error y el fallo esta en nuestro ADN, y como tal nos acompañara hasta el final de nuestros días. Estoy en una franja de edad en la que por no tirarme todo el verano vagueando, sin hacer nada, por intentar una experiencia laboral, por ir de voluntario al lugar indicado, he afianzado mi decisión de lo que quiero hacer profesionalmente, y lo he descubierto en esta franja de edad, la franja de las equivocaciones, la franja de edad de la vida.
Porque señoras y señores, ahí se guarda el sentido del limbo de las edades perfectas, para eso existen verdaderamente estas edades. Existen para poder vivir nuestras vidas según nuestras decisiones, para exprimir hasta la última gota del zumo que forman nuestras decisiones y poder disfrutar del jugo de nuestras elecciones y saciar nuestra sed de aventuras. Porque la vida esta simplemente para eso, para vivirla.


José Carlos Ortega Diez (@Orteguilla25)

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